
Edificando en la Fe
Jornada de San Pablo
Despida Tres:
Educando a San. Pablo.
Quizás usted ha tenido el placer del conocer ha alguien que le sirve al Señor en todos los aspectos de su vida. Tal persona se ve tranquila frente a la tensión o una crisis. Él puede tener una historia reservada para compartir cuando realmente él o usted debe estar en una tarea. Él es la encarnación de la Paz y llena del Espíritu Santo. Él es bueno con todos, sonríe fácilmente, y aunque nadie en la ciudad realmente lo comenta, muchos de nosotros sabemos que él da la mayoría de lo que él gana a la iglesia.
La gente en y fuera de la iglesia le conoce como un hombre decente. Tal persona debe haber sido el Sr. Thomas Quinn. El padre Thomas Canning debe haberlo conoció personalmente pues Thomas Quinn era el benefactor original de la escuela de San Pablo cuando el Reverendo Canning era el tercer pastor de la iglesia. Aun que poco ha sobrevivido sobre Thomas Quinn en nuestros expedientes históricos, nosotros sabemos que el Padre Canning esta enterrado en el cementerio del Monte Calvario, uno de solamente dos padres Maristas sepultados ahi.
La escuela que el Sr. Quinn lanzó por su generosidad benévola comenzó con seis salones de clase. Era un edificio modesto de ladrillo rojo en forma de la letra de molde “I”, rodeado de árboles con un campo grande y herboso en la parte posterior.
Rt. Rev. Daniel M. Gorman, Segundo Obispo de la diócesis de Boise, dedico la escuela en septiembre 1922. A las hermanas Dominicanas, las primeras profesoras de la escuela, se les dio la casa de los padres, cual estaba ubicada cerca de donde se encuentra la oficina de la parroquia hoy. Una nueva rectoría fue construida entre la iglesia y la escuela para servir como hogar a los sacerdotes Maristas de la misión. Pronto la escuela tenía una inscripción de 124 estudiantes y la parroquia sirvió a una comunidad de casi 300 familias.
La parroquia de San Pablo se habría familiarizado con las monjas a este entonces. Las Hermanas de la Misericordia habían estado sirviendo en el hospital local desde 1917, que fue situado directamente al cruzar calle 16. Su hábito era el típico blanco y negro. La capa y los hombros eran blancos y el resto era un vestido largo negro y un velo3 largo negro. El paradigma de la monja cambió con la llegada de las Hermanas Dominicanas en la escuela en 1923. Usaron los hábitos blancos largos, capa blancas modestos, y lo único negro era el velo que bajaba al centro de su espalda. Tanto blanco habría iluminado la sala de clase por cierto.
Enseñaron en la escuela de San Pablo hasta 1929 cuando las Hermanas de la Santa Cruz llegaron. Otra vez las monjas usaron mas negro con un cuello blanco redondo, pero la capa de una Hermana de la Santa Cruz era notable. Una capa almidonada, de pliegues, redonda como la parte plana de un copar para ocultar el perfil del rostro de cada monja y la ilumino como un día asoleado en la nieve cuando hacia frente a sus estudiantes. Enseñaron la juventud de la parroquia hasta 1939 cuando las Hermanas Benedictinas vinieron al rescate, esta vez a permanecer asta fin de 1970s.
San Pablo comenzó a extender su trabajo misionario también. En 1924 un donante anónimo de Nampa donó el terreno y la casa, cual es el sitio actual de San Joseph en Melba. La Sociedad del Altar comenzó en 1925 con seis miembros fundadores.
En 1947 el Obispo Kelly ordena que la iglesia de San Pablo fuera extendida para acomodar la comunidad2 en constante crecimiento. El pastor en ese entonces, Padre Paulin, lo hizo con gran entusiasmo hasta el punto que el edificio que previamente acomodaba 400 fieles, acomoda 700 fieles ahora. El Obispo Kelly estaba orgulloso y sé sabia que presumía a los Obispos vecinos que era “la iglesia más grande en noroeste.”
La comunidad que comenzó en una pequeña iglesia blanca, en la avenida 14ta ahora crecía ah saltos y brincos. Era la edad dorada de la Iglesia Madre en América. La época de la “Fortaleza Católica”, cuando casi cada faceta de la vida fue servida por la parroquia.
Mientras que estaba en cautiverio, San Pablo escribió la mayoría de sus epístolas para poder animar a las primeras congregaciones que él estableció y para “..asegurar la unidad doctrinal de la iglesia.” Los educadores que trabajaban en la primer parroquia de San Pablo tomaron seriamente este modelo instituido por San Pablo, ambos las hermanas de enseñanza y los sacerdotes cargaron con la formación teológica de la comunidad entera. A través de su devoción y arduo trabajo, la parroquia de San Pablo se convirtió en una próspera y muy bien establecida Comunidad Católica en Idaho.
? Michelle Tanberg y Rusty Boicourt
traducido por Gelacio De La Rosa